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lunes, 9 de agosto de 2010

Hiroshima, 65 años después




Por: Eduardo Galeano
Fotos:Pablo Pildain
www.cubadebate.cu/noticias/2010/08/06/hiroshima-65-anos-despues

Un sol de fuego, violenta luz jamás vista en el mundo, se eleva lentamente, rompe el cielo y se derrumba. Tres días después, otro sol de soles revienta sobre el Japón. Debajo quedan las cenizas de dos ciudades, un desierto de herrumbre, muchos miles de muertos y más miles de condenados a morir de a pedazos a lo largo de los años que vienen.

Estaba la guerra casi acabada, ya liquidados Hitler y Mussolini, cuando el presidente Harry Truman dio la orden de arrojar las bombas atómicas sobre las poblaciones civiles de Hiroshima y Nagasaki. En los Estados Unidos, un clamor nacional exigía la pronta aniquilación del Peligro Amarillo. Ya era hora de acabar de una buena vez con los humos imperiales de este arrogante país asiático jamás colonizado por nadie. Ni muertos son buenos, decía la prensa, estos monitos traicioneros.

Ahora no caben dudas. Hay un gran vencedor entre los vencedores. Los Estados Unidos emergen de la guerra mundial intactos y más poderosos que nunca. Actúan como si todo el planeta fuera su trofeo.(Tomado de Memorias del Fuego)


LA BOMBA

El 6 de agosto de 1945 un bomardero B-29 llamado “Enola Gay” lanzó la primera bomba atómica sobre Hiroshima, destruyendo casi completamente la ciudad y matando inmediatamente a 80.000 personas.

En los días posteriores, decenas de miles de personas fueron falleciendo a causa de su exposición a la radiación y, a fines de 1945, las víctimas mortales superaban las 140.000 personas.

La bomba, de 15.000 toneladas de TNT, fue lanzada por el piloto Paul W. Tibblets a las 8.15 AM, formando una columna de humo gris-morado, con una temperatura de 4000 grados centígrados.

Tres días más tarde del ataque a Hiroshima, un segundo bombardero B-29 lanzó otra bomba atómica sobre la ciudad de Nagasaki, a 700 kilómetros al oeste de Tokio, matando a por lo menos 40.000 personas, según informes de la cadena BBC de Londres.

El 15 de agosto de 1945, el emperador Hirohito anunció al país la rendición incondicional de Japón, durante un discurso pronunciado por radio en el que reconoció del devastador poder de una “nueva y cruel bomba” estadounidense.

La decisión de lanzar las bombas atómicas sobre Japón fue adoptada por el presidente Harry S. Truman, luego de que un grupo de científicos lo pusiera al tanto del llamado “Proyecto Manhattan”, tras realizarse una prueba atómica en Alamo Gordo, en Nuevo México.

Las bombas fueron bautizadas con los nombres de “Little boy” (pequeño muchacho) y “Fat man” (hombre gordo).

En un editorial del diario de la resistencia francesa “Combate”, el célebre escritor argelino Albert Camus escribió sobre la bomba en Hiroshima: “La civilización mecanizada acaba de alcanzar la última etapa del barbarismo”.

“En un futuro cercano tendremos que elegir entre el suicidio total y el uso inteligente de las conquistas científicas () esto puede no más ser simplemente un rezo”, dijo Camus, autor de las novelas “El Extranjero” y “La Peste”, entre otras obras que lo llevaron a ganar el Premio Nobel de Literatura.

Después de ese ataque, que causó la entrada de la Casa Blanca en la Segunda Guerra Mundial, más de 140.000 japoneses -una de las tres comunidades asiáticas más grandes de Estados Unidos- fueron arrestados y confinados en campos de concentración, a pesar de ser ciudadanos estadounidenses.

Estados Unidos nunca pidió perdón por los ataques de Hiroshima y Nagasaki.

(Con información de EFE)

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