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lunes, 22 de noviembre de 2010

La manipulación de las conciencias ha llegado a un punto intolerable


El mundo se ha convertido en un espectáculo bochornoso. Vivimos una banalización cultivada de forma sistemática. La manipulación de las conciencias ha llegado a un punto intolerable.
José Saramago desgrana con lucidez y pesimismo sus opiniones sobre un mundo abocado a la guerra. Un mundo en el que se manipulan las conciencias y en el que todo se ha convertido en un escenario donde se representa un bochornoso espectáculo al que nadie es ajeno; un mundo, en fin, que sería preciso transformar para convertir de nuevo en humano.
Democracia sólo formal. En las sociedades modernas, que a sí mismas se llaman democráticas, el grado de manipulación de las conciencias ha llegado a un punto intolerable. Eso genera un sistema que es democrático sólo en las formas. Revistas antes de reflexión y pensamiento son ahora frívolas. La televisión, que puede ser un instrumento de educación extraordinario, se ha convertido en eso que algunos llaman muy bien 'telebasura'. Y hay gente muy interesada en ello, en que sea así. En el fondo esto no es nuevo. Ya en la época de los romanos se daba la política de "pan y circo". Un golpe de efecto genial de las sociedades modernas ha sido convertirnos a todos en actores. Todo hoy es un gran escenario: es la panacea universal, porque ha hecho que todos estemos interesados en aparecer como actores. Y desvelamos nuestra intimidad sin pudor: se relatan miserias morales y físicas, porque pagan. Vivimos en un mundo que se ha convertido en un espectáculo bochornoso, en el que se muestra en directo la muerte, la humillación... El guionista se sienta en los consejos de administración de las grandes multinacionales. Todo se ha transformado en un negocio en el que se busca el lucro rápido, instantáneo.
Sin esperanza no habríamos sobrevivido. Pero hoy la esperanza es como una pequeña vela sobre un aparador, que ilumina muy poco y no da luz suficiente para ver la habitación. A lo mejor es que nos falta luz, una cierta clase de luz: la conciencia de que habría que transformar el mundo, porque no se puede permitir que constantemente muera gente de hambre, por ejemplo. Pero esa vela, aunque no ilumine casi, quizá nos indica la buena dirección y nos dice "aguanta", "sobrevive", porque un día se puede convertir en algo que dé más luz para ver todo el camino.

Publicado en Rebelión

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